Un sueño

Mi padre conduce una lancha por una especie de rio. A la derecha la ciudad, de siempre. A la izda barracones que al mirarlos bien son pequeñas casitas en medio de la naturaleza. Y pienso, es precioso como no lo habre visto antes.

Nota de sueños. viernes 13 noviembre 2020

Así empieza la nota que he escrito esta mañana, sólo despertar, de un sueño especialmente nítido que he tenido esta noche. Nítido, no lúcido. De los lúcidos os cuento otro día.

Iba con mi familia en una lancha. Conducía mi padre, que murio hace casi veinte años. Íbamos por un río precioso pero lleno de curvas.

A la derecha se alzaba una ciudad mastodóntica, donde vivíamos: edificios altísimos y grises, todos iguales. Tapaban el cielo.

A la izquierda estaba lo que yo sabía que eran chabolas de indigentes. No sé porqué empecé a prestarles más atención, a observar los detalles. Al hacerlo, con sorpresa me daba cuenta de que esas chabolas eran en realidad casitas preciosas; rodeadas de cesped y flores, con partes del río llegando hasta ellas.

“Mirad”, les decía a mi familia, “las chabolas parecen preciosas, ¿verdad? “- buscando casi confirmación. Una voz contestaba, “no, no, son chabolas”.

Y yo, sin rebatir, volvía la vista al río, mi padre estaba llevando la barca por un tramo de muchas curvas. Pensaba en la destreza que tenía y si yo sería nunca capaz de conducir con tal seguridad.

Al despertarme, el sueño seguía en mi memoria. Hace años que me gusta anotarlos, un poco por curiosidad un poco por el tema de los sueños lúcidos.

Al hacerlo me han venido varios pensamientos.

  • El río como metáfora de la vida. “Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar … “
  • A la derecha el mundo en el que he vivido hasta ahora, feliz de estar en él, sin plantearme mucho más: seguro, rico, conocido … y gris.
  • A la izquierda el mundo que me parecía de chabolas y pobreza cuando en realidad posee la belleza de la simplicidad y la naturaleza y el silencio .. lleno de color.
  • Voy en una lancha por el río, por la vida. Confiada, conduce mi padre. Pero el punto clave es que no conduzco yo.

No le doy un sentido trascendente al sueño. Pero también he aprendido que la parte inconsciente es más poderosa de lo que creía. Por eso me gusta, más que escucharla contemplarla. Y dejar que el mensaje, si lo hay, vaya cristalizando. O, quizás mejor, llegando; como la hoja de un arbol en otoño llega al suelo tras desprenderse de la rama.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir:
allí van los señoríos,
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos;
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

Jorge Manrique. Coplas por la muerte de su padre

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