Libros. “Invisible” de Eloy Moreno

1 de May 2020. A las 21.30 empiezo el libro “Invisible” de Eloy Moreno. No recuerdo cómo he llegado a este autor. Cuando me desvelo a la mañana siguiente a las 5.30 casi me alegro. Lo acabo dos horas más tarde. De alguna forma la historia del niño invisible activa diferentes resortes emocionales en mi.

Seguramente el más evidente es el de como permitimos que el dolor ajeno nos resulte invisible, o, de forma más precisa, como ignoramos el dolor ajeno hasta hacerlo invisible. Y al eliminar el dolor también borramos a una parte de la persona, esa que no puede alejarse de su dolor. Eloy Moreno lo hace desgarradoramente evidente en esta historia de acoso escolar. Y mi mente se va a otras, como la del sufrimiento en un entorno laboral tóxico a veces bajo la mirada de muchas personas que no saben, no pueden o no quieren verlo.

Otro botón ha sido la palabra Cobarde. Cobarde. Porque cuando lees el libro dan ganas de gritar: “¡decuelvele el golpe! ¿Qué te puede pasar peor que lo que ya vives?” Y luego te das cuenta de todas esas veces que tú callas, que callas cuando ves golpear a alguien, que callas cuando eres tú el que recibes un golpe. Te preguntas cuántas veces habrás sido tú el que golpea. Eloy Moreno te pone de frente delante de tu propia cobardía.

Quizás el resorte más doloroso es el de las historias que se cuenta el niño para dar sentido a lo que vive. ¡Qué triste! inventarse toda esa historia de superpoderes para no enfrentarse a la realidad! Y luego de repente piensas en todas esas creencias que te convierten en esclavo: “necesito cobrar x dinero: ¿cómo voy a hacerlo con menos?” “Yo puedo cambiar las cosas, sólo he de esforzarme más”. Al final no hay mucha diferencia entre cerrar los ojos y creer que te has vuelto invisible y cerrar los ojos para alimentar la ilusión de que lo que está ahí fuera va a desaparecer. Eloy Moreno te enfrenta a todas las historias que te cuentas para dar sentido a la realidad que vives, para que duela menos.

Y para rematarlo la metáfora del dragón. Los dragones son poderosos, temibles, pueden volar, en algunas artes marciales representan la fluidez y la capacidad de cambiar. No recuerdo cuando empecé a llevar dragones de anillos y colgantes. Pero los anillos se quitan y se ponen. El dragón hay que llevarlo tatuado en el alma, y quizás la única tinta que puede hacerlo es precisamente la del dolor, ese dolor que provoca la invisibilidad, ese dolor que alimenta la cobardía, ese dolor que genera las historias. Un dolor que, acabo de darme cuenta, puede tatuar dragones en el alma.

“Invisible” es una novela recomendada para mayores de 12 años. Quizás debería decir para menores de 25. Hay que ser valiente para leerlo pasada esa edad.

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